Otras perspectivas del Arte Moderno Cubano (1951-1963)
Los años 50 conforman una década tempestuosa, grávida de acontecimientos políticos, sociales y culturales. Enmarcada en un contexto internacional caracterizado por la guerra fría entre las antiguas potencias aliadas y la prevaleciente amenaza de u ataque nuclear, una atmósfera de angustia y desesperanza marcará a la sociedad de este momento. No es de extrañar, por lo tanto, que la figura humana pierda sus contornos definidos y dé paso a la abstracción como expresión dominante en la época.
En términos artísticos la pintura correspondiente a la década del 50 transcurre casi totalmente bajo el signo de la abstracción. La generación de los 50 busca- y logra- ponerse en sintonía con las corrientes artísticas en boga en ese momento. Se orienta en una dirección diferente a las generaciones precedentes de París y Nueva Cork se hacen sentir con fuerza en el contexto cultural nacional, incidiendo en la promoción de un arte decididamente cosmopolita. Otra línea importante de la abstracción, la llamada lírica, tiene en Cuba aceptación y extensión singulares. La pintura de acción o action painting norteamericana distinguen en gran medida esta tendencia con el uso de la pincelada directa sin premeditación de estados emocionales. Aparecen durante estos años otros artistas, que aunque no afiliados a una u otra línea de la abstracción, ofrecen con sus obras un matiz diferente al arte del período.
No solo la pintura se hizo eco del predominio de los códigos abstractos a escala universal. De igual manera nuestros escultores se sumaron a este intento por insertar el arte de la Isla dentro de las corrientes artísticas más avanzadas del momento. La aparición del hierro junto a materiales ya tradicionalmente utilizados, le otorga al arte escultórico de los 50 un indiscutible signo de modernidad. La dualidad entre figuración y abstracción se constata en figuras redondeadas, resueltamente compactadas que guardan respecto por las formas clásicas, y composiciones estilizadas, donde predominan la línea con un sentido de ascensión o verticalidad.
Otras dos manifestaciones artísticas ocupan un lugar primordial a la hora de hacer una caracterización general del período, ellos son el dibujo y el grabado. Resulta interesante destacar cómo desde el punto de vista estilístico el grabado se aferra a lo figurativo, a pesar de la tremenda fuerza que había ganado la abstracción en nuestras expresiones artísticas.