La recuperación del majestuoso edificio que antes alojara a las Sociedades Asturianas de Cuba, es ya un gran aporte a nuestra cultura. Si al noble empeño de recuperar este inmueble añadimos el loable propósito de convertirlo en sede definitiva de las Colecciones de Arte Universal del Museo Nacional de Bellas Artes, nos situamos ante una obra que no sólo trascenderá a su época, sino que hará recordar siempre a las generaciones venideras, a los que tuvieron la gran sensibilidad de legarles este tesoro, haciendo posible su total restauración.
Las tradicionalmente llamadas bellas artes, las artes decorativas y los oficios más delicados están presentes en este ejemplo elocuente y lujoso de nuestra arquitectura ecléctica de inspiración española: vidriería, ebanistería y lampistería junto a esculturas adosadas, altorrelieves y otros elementos decorativos se unen en un espacio ciertamente recargado, pero de excelente factura y genuino testimonio de una época.
Es poco conocida en el mundo la enorme riqueza de las colecciones que posee la institución, por el prolongado cierre de sus salas, y porque en éstas solo podía mostrarse una pequeña parte de sus fondos.
La posibilidad de contar con un espacio que permitiera desplegar las colecciones era una necesidad, en el favorable contexto del movimiento cultural cubano de este comienzo de siglo, donde se crean las bases para que el primer decenio del milenio se dedique a elevar decididamente el nivel cultural de nuestro pueblo, que será entonces más libre, como dijera nuestro José Martí.
El arte, como testimonio de la propia historia de las civilizaciones que nos precedieron en el mundo occidental y en otros puntos del orbe, se podrá estudiar en estas magníficas salas de exposición.
La fabulosa Colección de Arte de la Antigüedad, constituida por más de 650 piezas, halla un espacio idóneo para su exhibición, en el que se destacan sus núcleos esenciales de Egipto, Grecia y Roma, complementados con ejemplos de otras culturas también presentes en la muestra.
El conjunto de pintura europea es el más numeroso a mostrar en este edificio del museo, y representativo en su ordenamiento cronológico, estilística y por escuelas. Desde el siglo XIII al XX, con altibajos inevitables en la representatividad de los exponentes, tendremos una selección excepcional, donde se destacan el renacimiento italiano y flamenco, el barroco español, la amplia muestra de pintura francesa y británica del siglo XVIII, y la pintura del siglo XIX de forma particular.
En todo el conjunto están presentes el retrato, el paisaje, la naturaleza muerta, las escenas religiosas, históricas y todos los grandes temas de la pintura. Este coleccionismo se remonta a los inicios de la institución, se vio reforzado en la nueva instalación que tuvo lugar al inaugurarse el Palacio de Bellas Artes en 1955, y creció considerablemente entre los años 1959 y 1970, incrementándose discretamente después. Tuvo también varios ordenamientos que respondieron a diferentes criterios, organizaciones espaciales e instalaciones sucesivas.
Las limitaciones de espacio, y las inadecuadas condiciones de la sede anterior para exhibir el elevado número de obras que el museo posee, constreñían la exposición e impedían la inclusión de otras colecciones importantes, incorporadas ahora en la nueva instalación.
En este edificio hallará su espacio el interesante conjunto de pintura colonial latinoamericana, con una amplia representatividad del tema religioso visto por los maestros de nuestro continente. Una colección de la plástica norteamericana de los siglos XVIII y XIX, antes nunca vista por el público, será igualmente un aporte a este montaje. Ambos compartirán un privilegiado espacio.
El arte internacional del finalizado siglo xx en algunos de sus momentos más representativos y una interesante muestra de arte asiático, serán también apreciados por primera vez. De esta última contemplaremos parte de la colección de las hermosas estampas japonesas conocidas como Ukiyo-é.
Otras escuelas europeas antes no exhibidas como Rusia, Noruega y Austria encontrarán también un lugar, y aún colecciones como los iconos, el arte chino y gran parte de los fondos del Gabinete de Estampas -del cual se mantendrá de forma transitoria una exposición-, esperarán su turno para exhibiciones temporales, para lo cual se han previsto dos áreas.
Esta sede definitiva para las Colecciones de Arte Universal, la cuidadosa curaduría de cada colección y el excelente proyecto del prestigioso arquitecto y museógrafo José Linares, permitirán al público disfrutar de este patrimonio excepcional que Cuba atesora, exhibido en óptimas condiciones ambientales y de presentación.
Para un país pequeño, con grandes dificultades económicas agravadas por la hostilidad de los que precisamente se oponen a que afirmemos nuestra identidad, este esfuerzo colosal por realizar estas obras extraordinarias dirigidas a conservar y exhibir este acervo, demuestra la importancia que tiene para Cuba proteger y poner en valor su patrimonio.
Con este magnífico museo entramos en el siglo XXI, se hablará en el futuro de este momento que constituye un hito en la salvaguarda de los bienes culturales de la nación cubana.
Otras generaciones tendrán la responsabilidad de que trascienda en el tiempo y lo disfruten los cubanos que nos sucedan y con la obra de la Revolución sabemos que esto será posible. Tenemos el privilegio de iniciar esta nueva etapa abriendo las puertas del edificio que albergará las Colecciones de Arte Universal, dentro del formidable conjunto del Museo Nacional de Bellas Artes.
Moraima Clavijo Colom
Directora del Museo Nacional de Bellas Artes