Colección de Iconos Ortodoxos

La Colección de Iconos Ortodoxos
 
La reapertura en el año 2001 del Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana, con la añadidura de un nuevo edificio donde exponer sus colecciones de Arte Universal, propició un novedoso despliegue expositivo concebido a partir del enriquecimiento del acervo de sus salas con colecciones u obras puntuales antes no expuestas de manera permanente.
Pese a la realidad de este aserto, existe aún un amplio fondo de tesauro almacenado que por diversas razones, fundamentalmente espaciales, será posible exponer solo de manera transitoria y tal es el caso de la colección de iconos del museo.
 
El icono como manifestación artística estrechamente relacionada con la religión ortodoxa tiene su origen en la antigua Bizancio y marcó con sus características formales y estéticas la pintura hasta el período románico. La perspectiva invertida en la cual el espacio se abre en longitud y en profundidad, hacia lo alto y hacia lo bajo a un mismo tiempo; la narración en "secuencia bizantina" que describe en un mismo soporte escenas que transcurren en distintos períodos de tiempo y el apego al prototipo cuya repetición ininterrumpida a través de centurias ha devenido en canon iconográfico, tipifican a los iconos y les otorgan unidad de lenguaje independientemente de la época en que se hayan realizado.
Los iconos, generalmente anónimos y mayoritariamente ejecutados sobre tabla, no se pintan sino que son “escritos” por el iconógrafo, quien siguiendo el prototipo de un modelo iconográfico prefijado y utilizando símbolos establecidos debe crear una imagen (icono, del griego εἰκών, eikon, imagen) fácilmente legible e identificable por el conocedor que contribuya a elevar su religiosidad mediante la contemplación.
 
La colección de iconos del Museo Nacional de Bellas Artes resulta ampliamente representativa de esta manifestación, pese a su escasa cuantía al compararla con otras colecciones de Arte Universal. Con solo 36 piezas transita por procedencias geográficas diversas como Grecia, Rusia y Constantinopla e incluye escuelas tan significativas como la cretense o la moscovita, aunque su mayor valor testimonial radica en resultar abarcadora de todas las variantes temáticas principales de la iconografía como son, iconos del Salvador, de la Virgen, de los Santos y de las Festividades Litúrgicas.
 
Este fondo se crea, mayoritariamente, por la transferencia estatal a partir de 1960 y por algunas compras realizadas por el Museo en décadas posteriores. La técnica que predomina es el temple sobre madera, y en varios de ellos, se incorpora una cubierta de metal precioso, que sirve tanto de protección como para ornamentación y enriquecimiento de la imagen. Cronológicamente la colección abarca los siglos XVIII, XIX y XX y numéricamente predomina la pintura de iconos rusa.
El arte ruso del icono resulta una de las manifestaciones más interesantes de la historia de la cultura mundial. Surgido bajo la influencia directa de Bizancio, absorbió las vigorosas tradiciones de los eslavos orientales, logrando crear su propia imagen exclusivamente original.
 
Perteneciente al núcleo de iconos rusos, el Museo conserva la pieza titulada San Nicolás de Myra (imagen 0001) donde se representa al santo a la manera clásica en posición frontal con la mano derecha alzada en actitud de bendecir y sosteniendo con la izquierda el libro de las Sagradas Escrituras. La tendencia a una representación sintética y no realista del personaje representado es típica de los iconos ortodoxos. Flanqueando al santo aparecen Jesucristo y la Virgen María posados sobre nubes estilizadas y encerrados en aureolas en forma de mandorla que deben mucho a la tradición islámica. A ambos lados de la escena principal se representan, en menor escala, otros dos santos o profetas, generalmente aquellos cuyo nombre llevan los hijos de la casa en caso de tratarse de un icono doméstico.
 
Este icono, obra de la escuela de Moscú, se encontraba cubierto por una capa pictórica del siglo XIX que una vez retirada, durante el proceso de su restauración, dejó al descubierto la capa original cuya datación pudo situarse en el siglo XVIII. Las representaciones de éste siglo, difieren de las posteriores por la elaboración más pictórica de los pliegues del vestuario y una más libre combinación de los colores. El rostro y las manos de la figura denotan, en su ejecución minuciosa, la tendencia realista heredada del arte antiguo ruso.
 
San Nicolás de Bari, Obispo de Myra a principios del siglo IV, es uno de los santos más populares de Rusia. Fue enterrado en Myra, pero en el 1087 la región fue saqueada y las reliquias se trasladaron a Bari, donde se construyó una capilla ortodoxa, de ahí su doble denominación. La diversidad de los milagros que se cumplieron por San Nicolás lo hicieron un intercesor privilegiado de los males humanos. Es el santo patrono de Rusia.