Colección de Arte Holandés

La Colección de Arte Holándes
 
La colección está conformada por un buen número de pinturas del siglo XVII, y en menor proporción, de los siglos XVIII y XIX. La diversidad de géneros que caracterizó al barroco en esta región queda reflejada satisfactoriamente, así como algunos de sus más importantes cultivadores.
 
En consecuencia, la producción de algunas de las principales escuelas regionales -Amsterdam, Haarlem, La Haya, Utrecht- que derivaron de la alta especialización de algunos temas, también pueden ser apreciadas en las colecciones habaneras.
 
La superioridad numérica, tomando en consideración el género, corresponde a los retratos y paisajes, mientras que las escenas de género, las alegorías y las naturalezas muertas, en proporción más discreta, sirven de apoyatura y referencia imprescindible dentro de la colección. A través de cada tema y sus modalidades podemos seguir la evolución del detallado estilo descriptivo de principios de siglo, hacia formas que, entre 1630 y 1660, expresan una mayor interiorización yacuñan el esplendor del barroco holandés.
 
El indiscutible genio de los artistas holandeses para el retrato, a partir de la observación atenta y analítica que realizaban del modelo, dota a todos los ejemplos de un verismo y naturalidad que van de la mano de una instantánea fotográfica. Obras de la Escuela de Rembrandt, de Johannes Cornelisz Verspronck, Jan de Baen, Karel Dujardin o Thomas Hendricksz de Keyser, comparten la excelencia del retrato individual con el de grupo, como la Reunión familiar de Willem Van Mieris. La pintura de modas (Tableaux de modesi en Holanda desarrolló su propia modalidad, alcanzando sus autores verdadera perfección en la descripción de modelos y la textura de paños. Van Mieris fue un destacado intérprete en esta especialidad, y en este retrato familiar supo descubrir los encantos pictóricos de un interior, los juegos de luz en una estancia cerrada y la atrayente perspectiva de una ventana abierta.
 
La temática del paisaje fue diversificada con tanta riqueza en los Países Bajos que, prácticamente, se identifica a cada región con alguna de ellas. Además de las conocidas razones históricas y geográficas que le vinculan al mar, la Escuela Holandesa desarrolló una de las más particulares y ricas especializaciones de la marina. Entre la amplitud del género, se destacan escenas de puertos, de canales, de ríos, de embarcaciones, nocturnas, diurnas, en las diferentes estaciones del año, presentes en los fondos con ejemplos atribuidos a Jacob Storck, Bonaventura Peeters, Jan van de Capelle, Esaías van de Velde y Van Goyen, entre otros marinistas.
 
La enorme diversidad alcanzada por la marina, no limitó al género cuando se trataba de representar el campo o la ciudad. Las sencillas vistas rurales se diversificaron igualmente y, entre ellas, se distinguen las llamadas pastorales. Esta variante -reconocida como "italiani zante" o "romanista"- por la asimilación que hizo de los patrones italianos, tenía como principal objetivo la idealización del escenario natural, iluminado con suaves tonalidades y desarrolló determinadas convenciones la representación de las figuras, pues su demanda mayor provenía de los ciudadanos con más poder adquisitivo, para quienes el más poderoso atractivo de la pintura radicaba en su decorativismo. La Escena italiana de Berchem, resulta modélica dentro de estos paisajes.
 
Otros géneros como las alegorías, las escenas de género y las naturalezas muertas también cuentan con importantes ejemplos en la colección del museo. Sobresalen dentro de las alegorías, La primavera de la vida de Gerard de Lairesse, uno de los pintores con mayor éxito en su época y cuyo esplendor en Ámsterdam abarca desde 1665 hasta 1690.
 
Por su maestría en el "arte de describir", la pintura holandesa puede ser calificada casi totalmente como la pintura de género por excelencia; además de contar con relevantes y específicos intérpretes, como Ostade. En particular, nuestra selección atesora la pieza El cotillón de J acob Duck, obra en la que el pintor de Utrecht nos muestra una de las danzas con figuras, típicas del siglo XVII, y que era ejecutada generalmente al final de los bailes de sociedad. El cotillón combinaba varias danzas con escenas de mímica o juegos y estaba dirigido por una pareja de señora y caballero.
 
Otro de los temas en que sobresalieron los holandeses con variadísima gama y éxito rotundo, fue el de las naturalezas muertas. Nuestra colección incluye un pequeño grupo que ilustra la diversidad alcanzada con ejemplos como los de cacería, en la obra atribuida a Sorgh, cultivador, además, de la pintura de animales que gozó de mucha popularidad como género independiente desde fines del siglo XVI y durante todo el XVII. Otra especialidad dentro del tema fue la de peces y mariscos que, en la naturaleza muerta de Isaac van Duynen, recuerda la manera del maestro de La Haya, A. Van Beyeren, y consigue un colorido verdaderamente sutil para los tonos tierras en los peces, salmones, langostas y ostras.
 
Luego de este esplendor que sentó escuela para el resto de Europa, las últimas tres décadas del siglo XVII señalan el declinar del vigor y la autenticidad alcanzados por los pintores holandeses, quienes se sumieron nuevamente en las tendencias internacionales.
 
Los siglos XVIII y XIX marcan, salvo excepcionales figuras que continúan respondiendo al nacionalismo que les caracterizó, la pérdida paulatina de autenticidad y señalan un vacío, cuya mejor lectura es la de asimilación de modelos académicos, sobre todo franceses, que lastran a la pintura con una fuerte dosis de pintoresquismo local. La representación de estos siglos en la colección es reducida, pero reúne obras valiosas de Gonzales Coques, Vertin, Ten Cate, Vaarberg, Maris e Israels, entre otros.