Colección de Arte Flamenco

La Colección de Arte Flamenco
 
La Colección de Pintura Flamenca del Museo Nacional posee una buena muestra de los siglos XVI y XVII, dos de los momentos más importantes de la historia de esta manifestación en Flandes, así tomo un pequeño núcleo de los siglos XVIII y XIX. El conjunto, más abundante en piezas del siglo XVII, etapa conocida también como la Edad de Oro de Amberes, ofrece un panorama satisfactorio del arte flamenco durante ese período.
 
Las obras del siglo XVI recrean, a través del tema religioso y los retratos, la evolución que en ese momen- to experimentó la producción pictórica en esta región. El primitivismo de comienzos de siglo, heredero de la tradición anterior, aparece representado por piezas como el Ecce Hamo, de la Escuela de Amberes; mientras otras obras muestran el paso hacia el manierismo que, maestros como Jerónimo Bosch y Brueghel, el Viejo, elevaron a la mayor celebridad.
 
La temática religiosa predomina numéricamente, en correspondencia con la importancia que se le concedió en Flandes en esta época y cuyo tratamiento, junto al que tuvo en Italia, sentó pautas para el resto de Europa. Pasajes del Viejo y uevo Testamento, y la representación de santos y vírgenes junto a donantes, se integran a paisajes, como podemos apreciar en los trípticos de Vellert, La Sagrada Familia con Santa Catalina y Santa Bárbara y La Sagrada Familia con donantes, de la Escuela de Brujas. En ambas piezas, los episodios bíblico aparecen descritos como variaciones sobre una fórmula prácticamente invariable. En el primero de ellos, la tipificación de los rostros de José y de las santas, de exagerado alargamiento, y los suaves y cálidos colores empleados, acercan esta obra a la producción tardía de Brujas, y a sus característicos efectos atmosféricos. Contamos también con obras representativas de las escuelas de Amberes y Bruselas, y del célebre movimiento manierista con autores como Coxcie y el Maestro de las Medias Figuras Femeninas.
 
La cuidadosa observación de la naturaleza, conjugada con la afectación manierista, queda plasmada en el estilo realista y narrativo de las dos pinturas con el tema de la Torre de Babel. En la pieza de la Escuela de Valckenborgh, paisajista y cultivador de temas religiosos, a pesar de utilizar todavía al paisaje como fondo del asunto principal, comienza a cobrar independencia en la perspectiva atmosférica de montañas y ríos, con sus lejanías azules y accidentes topográficos. En La construcción de la Torre de Babel, de la escuela de J acob Grimmer, se subraya igualmente la característica de igualar en el tratamiento tanto al paisaje como a la representación de personajes y de infinidad de pequeñas escenas que se desarrollan en este.
 
Dentro de la diversidad temática y alta representatividad del conjunto flamenco del siglo XVI que posee el Museo Nacional, destaca una obra atribuida a Reymerswale, Recaudadores de impuestos que ejemplifica con excelencia el espíritu inquieto y desprejuiciado característico de casi toda la pintura flamenca, el que facilitó el desarrollo y la experimentación realizada por sus artistas. Así, se produjeron algunas renovaciones dentro de los géneros ya establecidos y la creación de otros, genuinamente flamencos. Tal es el caso de la llamada "pintura de cambistas", tema muy popular en el siglo XVI y que ha sido considerado como una especialidad, consagrada por pintores como Quentin Massys o Marinus van Reymerswale. Muchas de estas pinturas fueron hechas por ambos artistas o en sus respectivos talleres, bajo su supervisión, y aparecen con las denominaciones de Usureros, Cambistas, Prestamistas, Recaudadores de impuestos y otras. Su amplia representación ha permitido clasificaciones para las múltiples versiones y copias que existen, a partir de detalles del tocado de las figuras y otros elementos que se repiten, con muy ligeras variaciones, en todas ellas.
 
El siglo XVII en Flandes, encontró una de sus mejores expresiones en la pintura católica y aristocrática del barroco. La muestra de este siglo ofrece mayor riqueza numérica y gran diversidad de géneros y autores. Retratos de Van Dyck o de su taller, como el de Anne Villiers, Lady Dalkeith, representan la modalidad cortesana con la que sentó escuela el pintor más cotizado de la corte de Carlos 1. Frente a esta elegancia afectada, que fue moda entre sus contemporáneos, aparece el estilo austero y ponderado que requería la clientela burguesa. Retrato de dama, de Cornelis de Vos ejemplifica esta otra manera de representación que supo ajustarse a aquellos presupuestos, y con excelencia, expresó intimismo, derivado de la tradición autóctona, al representar a los burgueses de Amberes.
 
El tema religioso, medular dentro de la producción de grandes figuras como Rubens, encontró eco en muchos de sus contemporáneos, y en autores posteriores. El Museo Nacional cuenta entre estas, con La adoración de los pastores, de Erasmus Quellinus Il, autor considerado como discípulo de Rubens, a pesar de que su formación se debe más a la que recibió de su propio padre, el destacado escultor flamenco Arturo Quellinus.
 
El paisaje y su vínculo con las fiestas populares, aparecen con excelencia en la Kermesse de Jan Brueghel II. La kermesse, asociada a la celebración del santo patrón de un pueblo, en su acepción primera, derivó hacia celebraciones de marcado carácter profano, y tuvo a sus más destacados intérpretes, desde fines del siglo XVI hasta mediados del XVII. La pintura de escenas de géne ro se aprecia en Interior con dama tocando el laúd, de David Teniers II, en la que aparecen Ana, la esposa del pintor, y dos de sus hijos, quienes sirven de modelos, siguiendo la fuerte tradición de los Países Bajos, de pintarse a sí mismos. La alegoría encuentra la refinada y magnífica interpretación de Jan Cossiers, autor célebre por la combinación que lograba entre el caravaggismo y su gusto por las escenas de género, a quien se atribuye el cuadro titulado Los cinco sentidos.
 
El asunto mitológico se encuentra en la obra de Jacob Jordaens quien, junto a Rubens y Van Dyck, integró la grandiosa trilogía que sobresale en la Escuela de Amberes del siglo XVII. El dibujo para tapices también cobró fuerza durante este siglo, época en la que se emplearon como técnicas fundamentales para ello, la acuarela sobre papel y el óleo sobre tela. A mediados de 1600, se pusieron de moda dentro de los tapices, las series o historias narradas a través de escenas consecutivas, criterio poco frecuente durante el barroco. El tema seleccionado era descrito en cada uno de sus aspectos o por medio de escenas sucesivas que ofrecían una descripción coherente del mismo. Después de Rubens, fue J ordaens quien más sobresalió en esta especialidad, a cuyo esplendor contribuyó de manera decisiva. Magnífico ejemplo resulta la obra Marte y Mercurio conduciendo los caballos a Venus, uno de los trabajos preparatorios que realizó Jordaens para la serie titulada Escuela de Equitación, integrada por ocho tapices, que se encuentra en el Kunsthistorisches Museum de Viena.
 
A los siglos XVIII y XIX corresponde el período también conocido como "belga" -en 1830 el país se convirtió en el reino independiente de Bélgica- durante el cual, la tradicional Escuela Flamenca de pintura fue cediendo cada vez más su espacio a las escuelas de Francia, Inglaterra y Alemania. Autores como Jan Josef Horemans el Viejo, J acques Albert Senave, Alfred Stevens, Edmond de Schampheleer y Emile van Marcke, entre otros, caracterizan dentro de la colección, este proceso con una buena selección.