Colección de Arte Español

La Colección de Arte Español
 
El arte español constituye uno de los segmentos más homogéneos en las colecciones del Museo de Bellas Artes de La Habana. A través de los ejemplos que posee es posible apreciar el desarrollo histórico del arte peninsular desde las últimas manifestaciones del gótico internacional y el estilo hispano-flamenco, en los siglos xv y XVI, hasta las corrientes que precedieron al vanguardismo del siglo xx. Corresponde a la pintura el papel protagónico, pero el conjunto también incluye esculturas, dibujos y estampas, entre las cuales merecen destacarse las calcografías de Gaya y Fortuny. El origen de la colección se debe a donaciones hechas por instituciones y coleccionistas privados, a las que siguieron algunas compras efectuadas por el museo, así como legados de notable importancia. Su formación se ha producido de manera paulatina desde la fundación misma del museo en 1913, hasta la actualidad; sin embargo, su crecimiento experimentó una notable aceleración en las décadas de 1960 y 1970 al incorporar grandes lotes de obras transferidas por el Estado. La procedencia misma de estas y el modo en que han ingresado a la institución, hacen que la colección no responda a una configuración preconcebida, sino más bien a la conjunción de preferencias individuales de variada orientación. Así, resultan notablemente favorecidas las secciones correspondientes a los siglos XVII y XIX que, por otra parte, fueron momentos de una elevada producción artística en España; mientras que a los siglos XV, XVI y XVIII corresponde un número menor de obras en comparación con los ya mencionados.
 
De los siglos xv y XVI el Museo Nacional posee un conjunto de piezas relacionadas con el culto religioso, algunas seguramente concebidas para oratorias familiares y otras constituyen segmentos de bancales o piezas de estructuras mayores. Tal es el caso de dos calles de un retablo gótico, al parecer aragonés, que en algún momento debió haber sido desmembrado. Su autoría se asocia con un discípulo de Jaime Huguet formado en el taller que el maestro catalán debió sostener en Zaragoza a mediados del siglo xv. Probablemente de un oratorio proceda una pequeña tela atribuida a El Greca que representa la crucifixión con la Virgen y San Juan, aunque podría tratarse también de un estudio preparatorio para alguna obra mayor. Al retrato corresponde el otro género de esta sección, dos de ellos atribuidos a artistas sobresalientes: Alonso Sánchez Coello y Juan Pantoja de la Cruz, quienes siguiendo las enseñanzas de los maestros flamencos, sentaron las bases del retrato español. Precisamente la retratística desarrollada por la Escuela Madrileña, representa uno de los géneros más notables de la sección del siglo XVII. A Velázquez se atribuye un retrato de Don Fernando de Austria, hermano de Felipe IV, pero en todo el conjunto es posible apreciar las influencias del maestro en mayor o menor medida. En el de la infanta Margarita, pintado por su discípulo Martínez del Mazo, son muy apreciables sus enseñanzas no sólo en la excelencia de la factura, sino también en la captación de la personalidad de la retratada. Otro de los géneros fundamentales del siglo XVII, la pintura religiosa, cuenta con una extensa representación en la colección. Temas como los hagiográficos, los martirios y los ciclos de Jesús y de María, abundan tanto en estilos personales como en los fijados por los grandes maestros del barroco contrarreformista: Ribera, Zurbarán y Murillo. A Zurbarán corresponde una de las piezas emblemáticas de la colección, La Virgen y el Niño de la manzana, realizada por el pintor en su última etapa y en la que se aprecia la excepcional facultad que poseía para dotar de espíritu a sus figuras, así como su habilidad para representar las calidades de los diferentes materiales. El paisaje, el bodegón y las escenas bíblicas también están presentes en la sección del siglo XVII. Entre estas últimas se destaca, por la belleza que alcanza el personaje femenino, el cuadro Judith, firmado por Juan de Pareja, el esclavo de Velázquez.
 
El arte del siglo XVIII, menos abundante en la colección española, cuenta no obstante, con algunas esculturas y grabados a diferencia de los siglos anteriores. Aunque su configuración es menos orgánica, a través de sus obras se aprecia el paso del barroco y el rococó al racionalismo neoclásico, hasta llegar al estilo fijado por Goya, visible en el retrato de María Luisa de Parma realizado por su seguidor Agustín Esteve. Merece destacarse el cuadro La Puerta del Sol en Madrid, obra destacada de Luis Paret, el más importante cultivador del rococó en España.
 
Sin dudas, el siglo XIX y su extensión a las primeras décadas del siglo xx, constituye la sección más rica de la colección en el museo. Sucesivamente, el romanticismo, el realismo y las diversas corrientes del cambio de siglo, están muy bien representadas. Del romanticismo sobresalen los ejemplos de la Escuela Sevillana y la Madrileña a través de artistas como Esquivel, Gutiérrez de la Vega, Federico de Madrazo, y otros; también se destaca aquí un valioso grupo de obras de Eugenio Lucas Velázquez, seguidor de Gaya y representante del romanticismo colorista y popular. De la segunda mitad del siglo, la colección posee igualmente piezas destacables de artistas que alcanzaron renombre como Fortuny y Raimundo de Madraza, pero también están presentes otras figuras importantes del paisajismo, el retrato y otros géneros, tales como Martín Rico o Vicente Palmaroli Los maestros correspondientes al cambio de siglo permiten no sólo apreciar las diferentes corrientes del momento --el modernismo, elluminismo, etc.-, sino también el desarrollo de las diferentes escuelas regionales. En El banderillero llamado El Buñolero se encuentra uno de los polos asumidos por la pintura de este periodo, caracterizado por hurgar en los problemas de España a través de personajes que la encarnan. El otro polo está representado por Joaquín Sorolla, maestro delluminismo. En su cuadro Verano se aprecia una descripción optimista de la vida sencilla de las gentes del pueblo, en las que podría descansar la esperanza de renovación nacional.