Colección de Arte del Siglo XX

La Colección de Arte del Siglo XX
 
El arte internacional del siglo xx no había sido suficientemente considerado por la política de coleccionismo del Museo Nacional de Bellas Artes, pues el perfil de la institución fijaba su límite histórico en el arte prevanguardista, de bisagra entre los siglos XIX y xx. Con la única excepción de la remodelación hecha a fines de la década del 60 para las salas europeas, tampoco fue considerado como perfil expositivo.
 
La propia formación histórica de las Colecciones de Arte Universal-más fruto de la donación y la transferencia, que de la recolección metódica- contribuyó a este déficit, que se traduce en dos cuestiones fundamentales: escaso interés en adquirirlo y ausencia de análisis para su independencia, pues resultaba difícil aceptarlo de manera atomizada, formando parte de cada una de las diferentes colecciones nacionales. De manera que uno de los mayores aciertos derivados del reordenamiento a que conduce la existencia de una sede, sólo para el arte universal del Museo Nacional, es la decisión de retomar su coleccionismo. Igualmente es importante la decisión de otorgarle un espacio expositivo propio que, alternativamente, presente conjuntos de obras correspondientes a diferentes corrientes del siglo.
Esta sección, a partir de la diversidad temporal, geográfica y cultural de sus obras, encierra también el resumen evolutivo de algunas de las escuelas nacionales históricas, el necesario epílogo. Constituye también un imprescindible comienzo frente a las creaciones más actuales del arte cubano y de punto de referencia comparativo.
 
La colección está integrada por cerca de un centenar de obras, procedentes de Asia, América y Europa, según las nacionalidades de sus autores. La integran, en su mayoría, grabados y pinturas sobre papel e incluye lienzos, esculturas, instalaciones y fotografías manipuladas. En representación de la primera mitad del siglo, cuenta con artistas representantes de la pintura que surge paralela a las primeras vanguardias e influida por ellas, como Gustav Schutt, Souto, Grau Salas, Quinquela Martin y Charles Cadwell, entre otros. Propiamente del arte vanguardista más vinculado a la Escuela de París están presentes algunos autores como Picasso, Miró, Matisse, Modigliani, Pechstein, Maillol, Man Ray, Archipenko. Destacan en este núcleo, como muestra de la particular recreación latinoamericana de los ismos europeos, piezas del dominicano Jaime Colson que incursionó en la pintura llamada metafísica, asociada en la mainstream europea con artistas como el italiano, Giorgio de Chirico. También de América Latina el chileno Roberto Matta, propio de la segunda oleada del movimiento surrealista y que, junto al cubano Wifredo Lam y las enseñanzas técnicas del mexicano David Alfaro Siqueiros, influyera fuertemente sobre los pintores norteamericanos del expresionismo abstracto en la segunda mitad de los años cuarenta.
 
Al alcance del público, esta colección devela una muestra formidable del muralismo mexicano, primera gran escuela de arte de nuestro continente en el siglo xx surgida al calor de la Revolución Mexicana y la reivindicación de la cultura indígena. En este núcleo singular, nuestro museo exhibe obras de sus más importantes creadores: Diego Rivera en Modesta cosiendo, José Clemente Orozco en El Maguey, David Alfaro Siqueiros a través de una metáfora monumental de las nuevas sociedades hemisféricas, y Roberto Montenegro como una de las figuras que indudablemente aportaron variedad y extensión al muralismo.
De las diversas corrientes de la segunda mitad del siglo, época en que Nueva York sustituye a París como centro del arte internacional, resulta de sumo interés el núcleo de arte pop, con autores europeos capaces de ofrecer una mirada propia de la tendencia como el español Eduardo Arroyo, el italiano Valerio Adami o el nórdico Erro. Las imágenes -cargadas de historia y utopía- del mural colectivo del Salón de Mayo de París de 1967 complementan las actitudes más distanciadas del pop americano presente en autores como Robert Rauschenberg y Claes Oldemburg.
 
Otros conjuntos más pequeños permiten apreciar importantes corrientes estéticas del siglo: de la tendencia abstracta la colección posee obras de Lenica y Tarasin; de la expresionista, obras del belga Somville y otros. En las coordenadas estéticas exhibidas no se ha obviado la presencia del realismo socialista, en piezas de creadores soviéticos, polacos y rumanos como Didenko, Lanugar, testimonio curioso y aleccionador acerca de una respuesta concreta a las relaciones signo-realidad en el siglo xx.
De momentos más recientes en la historia del arte actual, cerca de 40 obras de Estados Unidos de los años 80 nos remiten al resurgimiento del activismo sociopolítico en la era Reagan. Creadores norteamericanos como Nancy Holt, Judy Baca, Barbara Kruger, Jenny Holzer, Keith Haring, muerto bajo la sombra del SIDA, Mel Edwards, Luis Camnitzer, Tim Rollins and K.O.S. plasman tanto el cuestionamiento de la transparencia del signo estético como el surgimiento de nuevos actores sociales y culturales en una nación múltiple.
 
En lo adelante el museo habanero deberá tratar de perfilar mejor su colección del siglo XX, ahora con la visión que permite un cierto distanciamiento en el tiempo.