Colección de Arte Británico

La Colección de Arte Británico
 
La Colección de Pintura Británica del Museo Nacional de Bellas Artes abarca desde el siglo XVIII hasta el siglo XIX, y comprende algo más de un centenar de piezas, de las cuales se exhiben alrededor de la mitad. Fundamentalmente está bien representado el siglo XVIII con una valiosa agrupación de retratos de esa época, cuando la vertiente británica de este género alcanza su máxima expresión. Tradicionalmente ha sido esta colección uno de los polos más interesantes del arte europeo. Al siglo XVIII le sirve de complemento un buen conjunto de pinturas de los siglos XVII y XIX. La procedencia de las obras es variada, a través de donaciones, adquisiciones y transferencias realizadas al Museo Nacional por el Estado.
 
Poseemos ejemplos del retrato cosmopolita, vertiente modelada en sus inicios a partir de pintores extran- jeros, que tuvo su inicio en el estilo implantado por Anton Van Dyck y que culminó en la obra de Sir Godfrey Kneller, último representante de la estética barroca en el retrato mundano inglés. La etapa inglesa del primero puede verse en la Salas de Arte Flamenco, con el retrato de Lady Herbert de Raglan. A Kneller, corresponde Retrato de una dama. El retrato, como es sabido, es la carta de triunfo del genio británico en el arte, y el siglo XVIII es su época de oro.
 
El retrato británico del siglo XVIII puede ser periodizado en dos importantes generaciones de retratistas. Paladines de la primera generación son Sir Joshua Reynolds, Thomas Gainsborough, George Romney y Francis Cates. Líderes de la segunda generación son Sir Thomas Lawrence, J ohn Hoppner y Sir Henry Raeburn, representante este último de la pintura escocesa. Todos estos artistas constituyen un indiscutible núcleo alrededor del cual gira toda la pintura de retrato de la época y todos están presentes en la colección del Museo Nacional. Como complemento de estas figuras ampliamente divulgadas, se encuentran otras que pintaron, fundamentalmente, fuera de los grandes centros, tales como Londres y Edimburgo, como es el caso de Joseph Wright, o Wright de Derby, autor de Lady Anne Herbert.
 
A Sir Joshua Reynolds corresponde el Retrato de William Petty, Lord Shelburne, I Marqués de Lansdowne. Otra variante de su retratística masculina es el retrato del Rev. Richard Watson, Obispo de Llandaf], imagen de un religioso erudito de la ciencia sorprendido en plena faena; algunos retratos femeninos completan su representación en nuestra colección, aunque él sobresale en los varoniles. Thomas Beach, perteneciente también a la primera generación, fue discípulo de Reynolds y se dedicó a pintar en las zonas rurales; su Retrato de hombre con casaca azul es una pintura sin grandes pretensiones.
George Romney es un retratista afortunado cuando de personas jóvenes se trata. En Mrs. Strickland, nacida Margaret Messenger, se aprecia cierta inmadurez propia de un artista en ciernes. Otro cuadro del pintor, titulado Sir William Lemon, Bart, se inclina a una predilección por el color frío que, junto con su acento en lo plástico y el gusto por la presencia de la línea, lo aproximan a lo neoclásico.
Nacidos en la segunda mitad del siglo son los dos pintores que completan esta selección de retratistas. El primero de ellos, J ohn Hoppner, tiene una manera muy propia, que no ha sufrido grandes variaciones. Mrs. Cholmondeley es un bello y sobrio retrato que muestra a una mujer de casi 40 años de edad. De Hoppner es también Lady Caroline Harris. La joven aparece con un perro en su regazo que le da un toque informal.
 
El segundo de los pintores que cierra el período de oro del retrato inglés, es Sir Thomas Lawrence, nacido en 1769, y cuya obra se extiende a las primeras décadas del siguiente siglo como una prolongación de aquella tradición artística. Lady Cholmondeley, pieza sin su acabado final y Mrs. Edward Foster lo representan muy bien en la colección.
 
El paisaje inglés, surgido en el siglo XVIII, tiene sus antecedentes en la pintura holandesa del XVII, muy del gusto de los ingleses, quienes cultivaron desde muy temprano una gran afición al género. A estos aportes debe sumarse la influencia directa recibida de las escenas urbanas italianas, particularmente de El Canaletto. Aun dentro del género del retrato, el paisaje encuentra un lugar como fondo de las figuras. Sin embargo, también alcanzó independencia como género, como es el caso del Paisaje con figuras atribuido a George Smith (de Chichester), nacido en 1714, aunque su verdadero esplendor corresponde al siglo XIX, con los pintores románticos.
 
Las escenas de puertos marinos o las vistas de astilleros es el caso del cuadro Botadura de una fragata en Chatham, obra realizada acerca de uno de los famosos astilleros de Inglaterra situado sobre el T ámesis. Aparece fechada en el año 1767 por S. Coleman. El buque mercante de las Indias Orientales de Sir Alexander Hamilton "Rockingham", de Dominic Serres y Fragata entrando en el puerto de La Habana de Nicholas Pocock, son varios ejemplos que ilustran una vertiente del arte británico ligada a la historia marinera de esta nación.
 
Sin detenemos en todas las tendencias y variedades de artistas, el conjunto decimonónico ofrece una idea de lo que fue ese siglo en la pintura británica. A través de una serie de retratos y paisajes se aprecia el declinar de la retratística, y el éxito del paisaje nativo de entonces, así como su variante más anecdótica o sentimental que siguió a los grandes maestros, Constable y Turner, de quien tenemos una acuarela que se exhibirá de forma no permanente. A estos se suman ejemplos de la pintura de costumbre, la de tema deportivo y la de animales -ambos géneros, muy ingleses-, además de una pintura primitiva: Interior de la capilla de la abadía de Westminster, que tiene su homólogo en Botadura de una fragata en Chatham, en el siglo precedente.
 
John Constable dio un vuelco a la pintura en su patria al enfrentarse sin prejuicios a la naturaleza, renovando la técnica y la estética con su estilo. De él conservamos en nuestro Museo Nacional, Malvern Hall, condado de Warwick, versión definitiva de un cuadro cuyo boceto de tamaño natural se encuentra en la Tate Gallery, de Londres. Están presentes, además, Sir David Wilkie con Una reunión festiva, inscrita en la pintura costumbrista de inicios del siglo y John Crome (el Viejo), con una obra atribuida a su paleta titulada Paisaje, donde se constata la innovación paisajística en el sentido de la naturaleza, tan afín con su producción artística. También Thomas Creswick en cuya pintura se aprecia buen gusto y un veraz tratamiento de la naturaleza. Del pintor de origen holandés y después radicado exitosarnente en Inglaterra, Sir Lawrence Alma-Tadema, atesoramos su Estudio romano, ejemplo indiscutible del academicismo en la segunda mitad del siglo, que se disuelve tras la llegada de Whistler con aires nuevos cargados de impresionismo