La Colección de Arte Alemán
La formación de la colección de pintura alemana del Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana no escapa al carácter azaroso que caracteriza a toda la colección de arte europeo, basado en una recolección abierta y no metódica. En el caso de la pintura alemana, más del 60 por ciento de las piezas coleccionadas ha sido el resultado de donaciones y transferencias, estas últimas realizadas por el Estado, fundamentalmente durante los años 60 y 70 del siglo XX.
La muestra se despliega en una sala donde se establece una distinción museográfica de orden cronológico para cada siglo, comprendida entre el XV y el XIX, y obras del cambio hacia el XX. Dentro de cada centuria las piezas quedan ubicadas por el criterio del género, tratando de representar lo más característico de cada período.
Un espacio importante dentro del núcleo dedicado a los siglos XV y XVI lo constituye la pintura sobre vidrio. Relacionadas con el tema se exhiben seis vidrieras de excelente factura. Cuatro de ellas destinadas a la decoración de iglesias o capillas y dos restantes de tema laico, para adornar ventanales de recintos particulares.
Los fondos alemanes del Museo carecen de obras datadas en el siglo XVII, y del siguiente se conserva un solo exponente: la obra de Johann Heinrich Tischbein (el viejo), Retrato del Landgrave Federico II de Hesse- Kassel, cuya gran calidad y representatividad dentro del neoclasicismo dieciochesco, hace impostergable su exhibición.
El grueso de la colección, y asimismo de la muestra, corresponde al siglo XIX. Las obras exhibidas logran presentar un panorama medio de la pintura alemana en su evolución decimonónica, que supo combinar el patrón clasicista con sucesivos toques románticos y realistas. Están presentes ejemplos de escuelas regionales, como Berlín y Düsseldorf. Destaca en esta área la pintura del sur germano y dentro de ella, con prioridad numérica, la escuela muniquesa de la segunda mitad de la centuria. Las obras dejan traslucir las influencias del estilo Biedermeier, y la transición hacia el “Gründerzeit” en su vertiente más popularizada de la pintura de género de corte anecdótico- humorista. Pintores como Peter Baumgartner, Adolf Eberle y Robert Beyschlag, discípulos los primeros de Piloty y el último de Philipp Foltz; trabajaron en esta línea. Münich, como ciudad de arte, constituyó un fenómeno determinante en la historia del arte europeo y alemán del XIX, atrayendo a muchos pintores de otras regiones a su Academia, y convirtiéndose en una gran urbe internacional, que debió someterse a los requerimientos niveladores de una nueva era.