Arte Cubano en la Colonia (siglos XVI-XIX)

Arte en la Colonia

 

Desde mediados del siglo XVI se desarrolla en la Isla una incipiente actividad plástica. En el Museo se conservan algunas piezas realizadas por pintores del siglo XVII y un número mayor de obras de artistas nacidos en el siguiente.

 

El siglo XVIII se caracteriza en general por el predominio de la estética barroca que llega a Cuba a través de Andalucía. Este barroco andaluz se asimila en la Isla donde adquiere su propio significado y se expresa con características peculiares. Los temas fundamentales utilizados por los artistas son el asunto religioso y el retrato- limitado a las clases sociales altas- y, ocasionalmente, el asunto histórico. El retrato es una pieza de carácter oficial en la cual aparece el modelo- que puede ser el gobernador, el obispo, un alto funcionario o un miembro de la nobleza cubana- con su escudo nobiliario y la cantilla donde se recogen sus datos biográficos. Dos pintores se destacan en el siglo: José Nicolás de Escalera y Juan del Río. Ambos tratan el cuadro religioso y el retrato, aunque Escalera prefiere con mayor interés el tema religioso.

 

Primera mitad del Siglo XIX

 

El género de la pintura más frecuente en los inicios del siglo es el retrato. Lejos ya del antiguo retrato oficial del XVIII, tiene como máximo representante en La Habana el pintor mestizo Vicente Escobar quien desarrolla en los inicios del XIX, se diferencia en poses y actitudes con respecto al siglo anterior. Escobar representa la tradición española frente a los nuevas corrientes francesas de la Escuela San Alejandro.

 

El Neoclasicismo

 

Durante la hegemonía de la oligarquía criolla, los cánones estilísticos se orientan hacia el neoclasicismo, corriente que coexiste con la influencia española tradicional. Este neoclasicismo se introduce en los inicios del siglo, cuando ya el nuevo movimiento está vigente en Europa. Personalidades dentro del ámbito cultural de Cuba, entre los que se encuentra el Obispo Juan Díaz Espada y Landa (1756-1828), imponen el nuevo estilo de líneas clásicas, antítesis de la exuberancia del barroco. El primer director de San Alejandro, el pintor francés Juan Bautista Vermay, orienta a las jóvenes generaciones dentro del neoclasicismo, estilo ya implantado en las iglesias de la Diócesis de La Habana.

 

Grabado Siglos XVI-XIX

 

En la segunda mitad del siglo XVI, al convertirse La Habana, en el puerto más importante del Caribe, Cuba despierta el interés del Viejo Continente, y en Europa se realizan numerosos mapas calcográficos de la Isla. En este período es notable también el grabado histórico que recoge un acontecimiento importante resuelto generalmente por medio de las armas. La narración se edita en series y frecuentemente destaca al héroe.

 

El siglo XIX se caracteriza por un notable auge de la técnica litográfica, introducida en la Isla poco después que Luis Senefelder patentiza su invento. Desde las primeras décadas del siglo los grabadores incorporan las escenas costumbristas. Primeramente, dentro del paisaje urbano, después la escena callejera y el tipo popular se convierten en el asunto principal de la pieza donde es frecuente ambientar con elementos arquitectónicos o paisajes campestres someramente indicados. Tratado superficialmente, el negro es considerado un elemento de mucha plasticidad en la composición. También es frecuente el tema campesino: el guajiro con sus fiestas y aficiones en contacto con la naturaleza se describe en un ambiente idílico.

 

Marquillas de tabacos y cigarros   

 

Los fabricantes de tabacos y cigarros explotan las posibilidades de la litografía en la fabricación de las hermosas etiquetas hoy conocidas como marquillas, caracterizadas por la variedad y riqueza de asuntos y de motivos decorativos que complementan los diseños centrales. Desde las primeras litografías monocromas hasta las más lujosas se advierte una evolución en cuanto a la concepción decorativa según los adelantos técnicos y el gusto de la época.

 

Miniaturas

 

En Cuba es común la miniatura en el siglo XVIII, pero es el siglo XIX cuando tiene mayor florecimiento. Muchos pintores retratistas se anuncian además como miniaturistas.

Paisaje

 

Los artistas del Siglo XIX enriquecen las temáticas de sus obras al abordar todos los géneros pictóricos, a diferencia de sus antecesores, circunscritos únicamente al cuadro religioso y el retrato. De tal diversidad de asuntos nace el pintor paisajista, próximo la segunda mitad de la centuria, cuando el romanticismo predomina en la estética de la época. El paisaje en la colonia transcurre desde la visión idílica de la naturaleza hasta la corriente realista, influencia directa de la pintura española.

Costumbrismo

 

Como tema en la pintura, el costumbrismo entra con retraso respecto a los grabadores, pero no por ello deja de ser un género que alcanza notables cualidades plásticas. Los pintores costumbristas, espléndidos dibujantes conocedores del color y la técnica, son observadores sagaces del momento histórico que les tocó vivir y su obra es referencia obligada.

 

Segunda mitad del siglo XIX. Última generación de pintores

 

En la última generación de pintores del siglo XIX, alumnos de San Alejandro, es necesario destacar la desaparición inesperada, en plena juventud, de estudiantes que prometían desde las aulas llagar a ser artistas sobresalientes en la pintura finisecular. Miguel Angel Melero, José Arburu Morell y Julián Ibarbia, al terminar sus estudios en La Habana, continúan su formación en el extranjero.