Arte Cubano de Cambio de Siglo (1894-1927)
La modernización que se opera en Cuba, durante el siglo XIX, principalmente en su capital, se incrementó notablemente en el último cuarto de la centuria convirtiéndose La Habana en una cuidad cosmopolita. La plástica, básicamente la pintura, no es ajena a este movimiento. Surge entonces una generación de jóvenes creadores que, con disímiles tendencias o influencias más actualizadas, producen obras desde fines del siglo XIX hasta pasado la tercera década del XX. Debido a su carácter heterogéneo estas creaciones, difíciles de agrupar bajo un calificativo común estilístico, son consideradas de modo general como exponentes del período de Cambio de Siglo.
Determinados factores propician esta transformación. En primer lugar, se consolida una toma de conciencia nacional, fenómeno que viene gestándose desde mediados de siglo y posibilita una mirada diferente. En otro orden, las reformas e innovaciones introducidas por Miguel Melero desde la dirección de la escuela San Alejandro en 1878 y los viajes de perfeccionamiento artístico que muchos de los egresados de ese centro de estudios realizan al viejo continente, básicamente a España. En este momento en Cuba el realismo comienza a desplazar sutilmente al romanticismo, aunque hasta ya avanzado el siglo XX en obras de algunos autores perdura un hálito de cierta nostalgia que favorece pinturas con marcada influencia simbolista. Posteriormente irrumpen otras tendencias más actualizadas y los temas también varían: el religioso casi desaparece y las creaciones son básicamente por encargo. El retrato mantiene su posición preponderante, pero enriquecido con variantes más íntimas y personales. El paisaje toma una luminosidad acorde con el clima del trópico y se magnifica. El tema histórico, y posteriormente el mitológico, cobran importancia; la naturaleza muerta, conocida básicamente mediante fuentes bibliográficas, aparece mesuradamente a fines de la centuria, durante la cual tendrá un desarrollo impetuoso tal como la composición con figuras.
La sala Cambio de Siglo se encuentra dividida en diferentes espacios, tanto personales como colectivos. Entre los personales sobresalen los dedicados a los pintores Armando G. Menocal y Leopoldo Romañach, figuras cimeras e innovadoras de este período en Cuba. Entre los colectivos, el dedicado a obras en soporte papel en el que exhiben por primera vez de forma permanente, ilustraciones, diseños y caricaturas conjuntamente con grabados del siglo XX. La muestra cierra con una representativa selección de caricaturas personales, dibujos y aguadas de marcado sabor de crítica político-social y algunas pinturas, todos debido al talento de Rafael Blanco, quien por adelantarse artísticamente a su época está considerado como un precursor del arte moderno en Cuba.
Pintura y escultura
Este espacio podría denominarse “de lo tradicional a lo moderno”, pues muestra obras realizadas en el siglo XIX, o con una marcada influencia de esa época, hasta otros posteriores vinculadas a más novedosas tendencias como la escuela de París.
Dibujos y gradados
En un entresuelo de la sala se exhibe una selección en soporte papel. Por primera vez permanentemente esta área muestra caricaturas personales y diseños entre los que sobresalen los de carácter publicitario, portadores de una concepción artística actualizada para la época y pioneros de una transición hacia el arte moderno cubano. Ese ambiente de renovación propicia la introducción de corrientes como el art noveau, que tras una paulatina geometrización daría paso al art decó de la mano de artistas como Jaime Valls y Enrique García Cabrera. La caricatura personal está representada por dos destacados creadores de la época: Conrado w. Massaguer, el más reconocido, y otra figura merecedora de un estudio profundo: Armando Maribona. El grabado es de corte más tradicional. La pequeña selección muestra piezas de variados temas, tanto cubanos como extranjeros. Son calcografías y pueden considerarse como un antecedente del desarrollo del arte gráfico producido en el país posteriormente.