Arte cubano contemporáneo (1979-1996)
La colección de arte cubano contemporáneo del Museo Nacional, creado con un gran interés curatorial hacia cambios que tienen lugar en la plástica actual, atesora un fondo de más de 600 piezas que conforman la colección contemporánea más exhaustiva y razonada del país. Conocido como (nuevo arte cubano) – entre otros términos similares- este fecundo lapso se ha caracterizado por la irrupción ininterrumpida de poéticas novedosas, así como por una reactivación sustancial de lenguajes y recursos expresivos.
Ca. 1979-1988
Entre 1979-1988 aproximadamente, muestra a los principales autores que llevan adelante el primer momento de cambio. Los protagonistas son en su totalidad estudiantes de la Escuela San Alejandro y de la Escuela Nacional de Artes. Es una coyuntura de cierta holgura económica y con una estrenada apertura al mundo, los jóvenes artistas se lanzan a renovar un universo de medios plásticos imperante que ya no se aviene a la nueva sensibilidad. Estas poéticas logran desencadenar en el arte cubano – como en algunos artistas claves de América Latina - una pluralidad de nuevos sentidos que llegan a modificar ciertos aspectos del propio Conceptualismo entendido en su contexto occidental.
Otra característica de esta joven vanguardia es que logra abrir espacios simbólicos inéditos en el arte nacional. El ejemplo más decisivo es la incorporación del mundo de las religiones y culturas indoamericanas y afrocubanas, captadas desde una sintonía de nuevo tipo, más que desde sus aspectos narrativos o morfológicos. El otro campo importe es la inserción de elementos de la cultura pupilar hasta entonces marginados en el arte, y fundamentalmente de la cultura popular urbana. Estas inclusiones vitales en la práctica artística tienen una explicación sociocultural clave para entender los procesos creativos cubanos y está relacionado con el hecho de que los niveles de educación general y artística en particular, han estado al alcance de todos los sectores sociales y geográficos sin distinción. Los cambios de interese van acompañados de transformaciones importantes de lenguajes y recursos plásticos. De aquí en adelante se produce un vuelco formal generalizado que disolverá los límites entre las manifestaciones artísticas, La instalación, el arte objeto, el performance y otras variantes inundarán el panorama creativo cubano.
Con un fabuloso conjunto de autores se produce la transformación de poéticas de inicios de los 80; algo más de un lustro que no solo arrasa con los aspectos más narcisistas, ausentes de conflictos y estancados en los 70, sino que ensanchan irreversiblemente el campo del arte con espacios culturales desconocidos y a veces preteridos, desde formulaciones artísticas contemporáneas. En esta sala se exponen obras en sintonía con la poética emergente de principios de los 80, aunque daten de algunos años después. El importante conjunto de este espacio da fe de la distancia abrupta entre arte de esta nueva vanguardia y la adormecida estética de los años 70.
Ca. 1986-1992
Hacia 1986, aproximadamente, comienzan a circular obras de autores muy jóvenes, en su mayoría estudiantes del Instituto Superior de Arte, que se van distinguiendo con nitidez del conjunto de creadores mencionados en el espacio precedente. Cuando parecía que ya se había desplazado en toda su magnitud las capacidades artísticas del arte ¨nuevo¨, una poética diferente comienza a dar signos de vida en un arte irreverente, de mucha tensión ética, con gran arraigo en lo vernáculo, impugnando problemas sociales, muchas veces grotesco, y, sobre todo, convencido de su poder de transformador social. Esta poética tuvo el don de la provocación y suscitó encontradas opiniones en todos los ámbitos de la sociedad.
Estos nuevos creadores son alumnos de otros creadores, también jóvenes, que desde sus cátedras del Instituto Superior de Arte, la Escuela Nacional de Arte y otras academias, van perpetuando con inteligencia y creatividad códigos artísticos y estrategias culturales renovadoras. Debido a esta irrupción, entre los años finales de los 80 y principios de los 90, el ambiente de las artes visuales cubanas alcanzó un momento de grandes valores artísticos. Por una parte se habían superpuesto creadores jóvenes de distintas variantes, generaciones y poéticas, coincidiendo en un mismo horizonte cultural. Y por otro, ocurre un fenómeno muy interesante de interacción y readecuación de las poéticas que habían surgido en los últimos años. Pudiera decirse que los más jóvenes (visto en este mismo espacio) condicionaron con sus obras una transformación de la poéticas antecesoras, propiciando una tonalidad nueva, una orientación diferente que logró marcar a creadores algo más establecidos, con un espíritu época contagioso y de gran vitalidad.
Ca. 1990-1996
El Museo Nacional ha apostado por la contemporaneidad y ha sabido adentrarse, con sus adquisiciones, en los últimos desarrollos del arte insular. Su pretensión ha sido seguir, más allá de esquemas y de límites museológicos, el impulso poderoso del arte más reciente en el país e insertarlo, con estatus de igualdad, a los más importantes caminos ya transitados por las artes plásticas cubanas. Esta última sala que ofrecemos al espectador es resultado de esa voluntad. Es una propuesta, una sala benjamín, en el contexto de un museo que exhibe arte de algo más de cuatro siglos y que en virtud de sus extensas colecciones, está obligado a una visión lo más equilibrada posible de sus tesauros. En esta sala pueden encontrarse los nuevos mensajes artísticos que predominaron en los primeros años de los 90 y que dan el tono de casi toda la década hasta hoy. Aquí se expresan los asuntos relativos a las migraciones que tan duramente afectaron al país en estos años y que abarcaron una brecha de pensamiento que permanecía cerrada para el arte.
En este período se advierte un lenguaje mucho más elíptico y de gran ambigüedad; elaboración indirecta y enmascarada de los temas en comparación con el arte de los 80, y que deriva hacia una creación de mayor connotación tropológica y también de más repliegue e introspección. Se mantienen vigentes variantes artísticas que siguen profundizando en elementos de la cultura popular, las religiones tradicionales, las mezclas culturales y el humor, entre otras formulaciones. La fotografía y el grabado, acoplados al panorama plástico general desde planos de absoluta integración, van a brindar soluciones de altísimo valor que distinguen estos años.